Un comienzo más complicado de lo esperado – Parte 2

En una entrada anterior os contábamos la primera parte de nuestros comienzos y adaptación a la nuestra nueva vida. Si no la has leído te recomendamos que lo hagas antes de leer esta para saber de dónde venimos.

«Pese a mi enfado monumental, les pregunto qué otros documentos valen. Me enumera una lista y uno de ellos es una carta firmada por mi empresa que confirme mi dirección.

  • «¿Os vale con la nómina? En ella aparece mi dirección»
  • «No, eso no vale»
  • «¿En serio? ¿Me estás diciendo que no te vale un documento oficial como es una nómina pero sí una carta firmada por mi empresa en la que yo podría decirles que pusieran cualquier dirección que ellos la van a poner sin preguntar?»
  • «Lo siento»

Buah, esto sí que me cabrea. No entiendo nada. Les digo, de manera muy enfadada que me han hecho perder el tiempo y que cancelen la cuenta, no la voy a abrir con ellos. La abriré en otro banco. Y salgo de la oficina cagándome en todo.»

Seguimos…

El Covid llama a nuestra puerta

Mientras andábamos de peleas con el banco, empezamos con todo el jaleo que supone estrenar una casa en una nueva ciudad: muebles por aquí, utensilios de cocina por allí, ropa de cama por acá… Amazon se convierte en nuestro mejor amigo y Argos en nuestro segundo mejor amigo cuando encontramos algo más barato (casi nunca).

Además, decidimos ir a IKEA en busca de algunas cosas. Miramos en Maps y vemos que tenemos uno a unos 45 minutos andando. Esa distancia, en Londres, no es nada, así que vamos dando un paseo conociendo nuestra nueva ciudad aprovechando que hace un buen día y está soleado.

Tras una larga caminata llegamos y vemos que no es como un IKEA normal. Es muy pequeño y tiene solo cosas de cocina. Bueno, será una versión reducida con menos cosas pero lo justo para poder ponerla dentro de la ciudad sin necesitar una nave gigante. Entramos y aquello es más una exposición que otra cosa. Hay gente pero en seguida te das cuenta que no es un IKEA al que estás acostumbrado. Preguntamos a uno de los trabajadores y nos dice que lo único que hacen allí es asesoramiento en el montaje de cocinas (me «cawen» Google Maps). Hemos ido para nada.

Empezamos a clamar al cielo por qué estamos teniendo tan mala suerte. ¿Por qué no nos puede salir nada bien y a la primera? Volvemos a casa resignados y enfadados por haber perdido el tiempo de esa manera. Por cierto que dos semanas más tarde pasaremos por la zona y la tienda estará cerrada para siempre. No nos extraña, pensamos.

Y para terminar de redondear la tarde, se pone a llover y nos pilla con un paraguas para los dos y en manga corta. El viento tampoco ayuda nada. Nos refugiamos como podemos hasta que escampa un poco y tratamos de llegar a casa lo antes posible para evitar resfriarnos.

Nos levantamos al día siguiente y no me encuentro demasiado bien. Me duele el cuerpo, tengo frío interior y estoy algo caliente. Mierda, me he resfriado de la que nos cayó ayer en un suspiro. Sheila va en busca de un termómetro para ver si tengo fiebre. 37,2. Vaya, qué se le va a hacer. Paso 2 o 3 días con los síntomas que indican que puede ser una gripe pero al tercer día he perdido el olfato. Oh oh…

Tenemos que cancelar la visita que teníamos prevista a Cambridge con motivo del cumpleaños de uno de nuestros sobris. Nada, que no hay manera de que algo nos salga bien.

Nos autoconfinamos unos días aunque al cuarto día me encuentro perfectamente (salvo por el olfato). Sheila, sin embargo, empieza a ponerse mala unos días después (como era previsible). Ella lo está pasando algo peor y con fiebre algo superior. Decidimos acudir a un médico ya que a base de paracetamol no mejora.

Vamos al GP (médico) a registrarnos y de paso le comentamos a la recepcionista lo que le pasa. Le dice que hoy no pueden atenderla que llame mañana. Eso hacemos y la doctora le atiende por teléfono. Tras contarle los síntomas nos dice que vaya a un centro a hacerse un PCR. Tenemos uno al lado de casa y allá que vamos. Se hace el PCR (todo gratis) y al día siguiente se confirman nuestras sospechas: es positivo. Bueno, es lo único que nos faltaba para terminar de redondear el comienzo de nuestra aventura UK.

Tenemos que hacer cuarentena 10 días desde que empezaron los síntomas. Lo bueno es que han pasado ya 5.

Un comienzo mas complicado de lo esperado

Segundo intento

Pese a todos los problemas para abrir una cuenta bancaria, una semana más tarde volvemos a intentarlo en otra oficina diferente. Esta vez llevamos la carta firmada por mi empresa impresa en la que especifica la dirección y el pasaporte como nos dijeron. Les tiene que valer.

Nos vamos temprano, nos atienden y nos dicen que la carta no es válida porque no está firmada. ¿Cómo? Miramos la carta y la firma no está. ¿Cómo es posible? Comprobamos la carta en el email que me mandaron y veo que está firmada. ¿Por qué no ha salido en la copia impresa?

Otra vez a buscar un sitio para imprimir. Por suerte hay uno justo al lado y esta vez nos aseguramos que la firma sale. Perfecto, de vuelta a la sucursal del banco. Nos atienden. Me piden el pasaporte y al comprobar los datos con los introducidos en el formulario de apertura de cuenta nos dicen que no coinciden. ¿Cómo que no coinciden? La chica me dice que en el formulario no he puesto el nombre tal y como aparece en el pasaporte y que me lo van a rechazar. ¿Me lo va a rechazar quién? Si sois vosotros el banco. Estás comprobando que soy yo, que he venido de manera presencial con mil documentos.

Le digo que en el formulario de apertura me pedían nombre y apellido. Que en España tenemos 2 apellidos pero no había campo para el segundo apellido. Tampoco especificaba que pusiera los datos tal y como aparecen en el pasaporte y por eso no metí el segundo apellido en el campo apellido (en singular). Me dice que así no me pueden abrir la cuenta. Les digo que ok, que modifique los datos y me dice que no puede. ¿Cómo que no puedes? A ver si es que no hemos ido a otro banco…

  • «Te podemos cancelar este proceso y puedes iniciar otro»
  • «No gracias, cancele que no pienso abrir una cuenta con vosotros. Y esta vez es de verdad»

Salimos del banco super enfadados. Otra vez. Este banco pasa a formar parte de nuestra lista negra. No entiendo por qué es tan difícil explicar bien las cosas y no cabrear al personal. Especifica claramente (porque dudo que sea el primero al que le pasa esto) lo que hay que indicar y cómo hay que indicarlo. Y sobre todo, ¿qué es eso de que «te lo van a rechazar»? Será, te lo vamos a rechazar.

¿No trabajas para el banco? ¿No te encargas, entre otras cosas, de esto? ¿Qué es eso de que no admitís documentos digitales en pleno siglo 21? ¿Cómo es posible que no puedas modificar los datos de tu propio sistema?

A la tercera fue la vencida

En fin, tratamos de olvidar este trauma vivido y decidimos buscar alternativas. Pregunto en el trabajo qué banco me recomiendan y me hablan de uno digital similar a Revolut pero que es banco UK con licencia y sede en Reino Unido y protegido y regulado como el resto de bancos UK tradicionales. Justo lo que buscamos. Hacemos todo el proceso desde el sofá de casa, a las 9 de la noche y en menos de 20 minutos.

Adjuntamos documentos y tras menos de una hora de revisión de documentos, tenemos la cuenta abierta. Ahora solo tenemos que esperar a que nos llegue la tarjeta de débito para activar la cuenta. Creemos que hacen esto para confirmar que vivimos en la dirección que hemos puesto que vivimos.

Aunque nos dicen que la tarjeta llega en un máximo de 2 días, pasa más de una semana y no la hemos recibido. Por favor, el del mal de ojo, que se apiade un poco de nosotros.

Aunque se supone que la cuenta está activa, la app no te deja nada más que verificar la tarjeta, por lo que no podemos acceder a ver el número de cuenta que necesitamos para domiciliar todos los recibos y poder cambiar la titularidad de los suministros. Hace 15 días ya que firmamos el contrato y aunque teníamos que haberlo hecho a los 2-3 días, no hemos podido hacerlo antes porque seguimos esperando la dichosa cuenta bancaria.

Nos llega una notificación del banco para verificar no sé qué historias. Pulsamos y se nos abre la sección de ayuda. Chateamos con ellos y hacemos el trámite (muy sencillo). En lugar de cerrar la app, le damos al botón para ir atrás y tachán, estamos en nuestra cuenta. Debe ser un error por su parte porque no deberíamos estar ahí. Aprovechamos para echar un vistazo a las opciones y sobre todo para anotar todos los datos necesarios: número de cuenta, short code, IBAN, BIC…

Salimos de la app, volvemos a entrar y ahí estamos otra vez frente a la pantalla de verificación de tarjeta. Menos mal que hemos tomado nota del número de cuenta, porque no volveremos a verlo hasta que nos llegue la tarjeta unos cuantos días más después.

Suministros y domiciliaciones

Sin perder ni un segundo y pese a que todavía no hemos verificado la tarjeta y por tanto la cuenta, en teoría, no está activa, empezamos a hacer todos los trámites que deberíamos haber hecho hace más de 10 días.

Lo primero es darle el número de cuenta a mi empresa para poder empezar a cobrar el sueldo ahí en lugar de en la cuenta de Gibraltar (que a saber lo que dura).

Lo siguiente es el maldito Council Tax. Aunque éste lo puedes pagar de manera anual, preferimos hacerlo mes a mes y domiciliar el pago (es sin intereses, por supuesto). Es un trámite sencillo que se hace por Internet en muy poco tiempo. Tan solo necesitas la dirección y el número de cuenta. Minipunto para el gobierno Inglés (en cómo hacer el trámite, no en el impuesto…).

Nos liamos ahora con los suministros: agua, electricidad y gas (estos dos últimos son la misma compañía y mismo contrato). Un par de llamadas por teléfono y todo averiguado bastante rápido, la verdad. Parece que empezamos a coger carrerilla y por fin las cosas empiezan a salir medio bien. Ya iba siendo hora…

Y como por fin nos ha llegado la tarjeta y podemos verificarla, aprovechamos para hacer la transferencia de nuestro dinero y dejar la cuenta de Gibraltar a cero para que hagan lo que quieran con ella. Se lo hacemos saber y por fin somos libres para poder cancelar el Internet español. Esto empieza a coger color. Es hora de acometer en último paso para asentarnos del todo: traer nuestras cosas desde España.

Mudanza desde Córdoba

Esta mudanza ha sido la más larga de la historia. Desde que supimos que más pronto que tarde tendríamos que mudarnos a Londres, hemos estado preparando la mudanza. Primero seleccionando qué cosas nos íbamos a llevar y qué cosas íbamos a dejar en tierra. Bien dándoselas a quien las quisiera, bien vendiéndolas en Wallapop o bien tirándolas porque no sirven para nada.

Luego aprovechando cualquier viaje a casa de nuestros padres para llevar cosas. A Cádiz para guardar cosas y a Córdoba para que, en un futuro, nos las manden. El envío se hará desde allí ya que mi padre tiene algunos contactos con agencias de transporte. Cosa que a la postre, no servirá de nada jejeje.

El recuento final ha sido 23 cajas con un peso total de unos 220 kilos. Principalmente ropa, algunos libros, electrodomésticos pequeños, la tele, el equipo de sonido y poco más.

Una vez estamos instalados le damos la orden a mis padres para que hagan el envío. Mi padre se pone a ello y encuentra una empresa que nos lo puede enviar. O eso creen ellos. Acordamos el envío, van a recoger las cajas y tras 3 o 4 días con las cajas en su poder, nos dicen que son incapaces de hacérnoslas llegar. Que el tema Brexit ha complicado mucho las cosas y no encuentran a nadie que nos las haga llegar. ¿Cómo? ¿Subcontratáis?

Enfadados, les pedimos que nos devuelvan las cajas y nos ponemos a buscar agencias de transporte como locos. Tras un par de llamadas descubrimos (o eso nos dicen) que ahora con el Brexit están endureciendo muchísimo las fronteras. Una de ellas nos dice que nunca hagamos envíos de más de 8 cajas, que mejor repartirlo. Además, no podemos incluir nada de comida, líquidos (perfume, desodorante, maquillaje) ni medicinas.

También nos dicen que debemos especificar, cosa por cosa, todo lo que hay en la caja. Y no vale: «Ropa». Tienes que poner: 1 jersey blanco, 1 jersey negro, 1 jersey gris…Y así con todo. Y por si esto fuera poco, hay que ponerle valor a todo. ¿Ya no se pueden hacer mudanzas a Reino Unido?

Evidentemente descartamos esta empresa y buscamos otra. También un poco por contrastar la información. Si eso es lo que hay, pues es lo que hay.

Subastando el envío

Esto es curioso. Buscando sobre cómo recibir nuestras cosas nos topamos con un par de portarles en los que tú publicas un anuncio de lo que quieres transportar y de/hasta dónde y empresas de transporte (o particulares, vete a saber), te hacen ofertas para hacer el trabajo. Una subasta en toda regla.

No tardamos en recibir ofertas y se nos cae el alma al suelo. El primero nos pide casi 3.000£ por transportar 220 kilos. Para ponerlo en perspectiva, en Iberia puedes facturar una maleta de 23 kilos por 18€. Es decir, transportar todas nuestras cosas en un avión nos costaría 180€ más billete. Y ya os decimos que facturando puedes pasar lo que quieras de comida, líquidos y medicinas porque es lo que hicimos cuando volamos aquí: monitor, portátiles, NAS, PS4, jamón, perfumes, medicinas… Sin ningún problema ni revisiones.

En fin, tocará seguir esperando. Durante los siguiente dos días seguimos recibiendo ofertas. Uno de ellos nos hace como unas 5, empezando en unas 2.000£ y la última baja hasta las 800£. Como es lo más barato que hemos visto le preguntamos el tema de los productos prohibidos: «No tienes que preocuparte, puedes pasar lo que quieras, tengo contactos en la aduana». 😱😱

Evidentemente lo descartamos. No queremos que nuestras cosas acaben en un mercadillo de cualquier país del este.

Asumimos que esto nos va a costar dinero y empezamos a hacer cuentas para ver si nos conviene pagar lo que nos piden por traer nuestras cosas o mejor ir renovando. Total, ya hemos comprado bastante cosas para la casa. Mirando una cuestión económica nos compensa pagar lo que nos pidan. Mirando una cuestión sentimental y de comodidad, nos compensa pagar lo que sea por tener nuestras cosas aquí.

Se hace la luz

Nos vamos a lo más básico y ponemos en google: «mudanza España Londres» y empezamos a contactar, una por una, todas las empresas que nos salen. Una de ellas, en Alcalá de Henares, nos responde y le pedimos presupuesto. Nos dice que nos lo puede hacer por menos de 500€, incluyendo todo el papeleo de la aduana, IVA, la recogida en Córdoba, la entrega en Londres y 2 operarios para cargar y descargar todas las cajas. Es muy barato para lo que hemos visto.

El único inconveniente es que no pueden hacer el trabajo hasta principios de Agosto (estamos a mediados de Julio), ya que no tienen ningún camión que vaya a Londres en las próximas dos semanas pero tienen que recoger una mercancía a principios de Agosto. Por eso es tan barato. Si nos ofrecieran un camión para nosotros solos, nos cobrarían mucho más y ellos mismos nos dicen que ni nos lo ofrecen porque no nos va a interesar.

Además, solo nos exigen un listado de las cajas y lo que hay dentro en plan genérico: ropa, cocina, oficina, manualidades, libros… Nada de valor de cada cosa. Sí nos comentan que nada de comida, líquidos, plantas ni medicinas, así que mis padres tienen que abrir, una por una, todas las cajas para sacar todo lo que habíamos dejado, que ya ni siquiera nos acordamos.

Contratamos con ellos del tirón y acordamos fecha de recogida. En el día y a la hora acordada se presentan a recoger las cajas. Es un poco pronto para nuestro gusto (22 de Julio) pero tenían que hacer una descarga en Málaga y nos preguntaron si podían recogerlas «de paso». Dos operarios cargan todas las cajas en un pis-pas. Solo son 23 y ninguna super pesada.

5 de Agosto: todo acaba

Se acerca la fecha acordada para la entrega y Sheila está un poco nerviosa. Cree que no vamos a recibir nuestras cosas porque van a poner problemas en la aduana o que vamos a tener que pagar una pasta para que las liberen. Eso y porque visto nuestro comienzo, si algo puede salir mal, saldrá.

Recibimos un email y nos dicen que hoy nos llamará el transportista para decirnos cuándo nos traen las cosas, si esta misma tarde o mañana por la mañana. Dependerá del ferry. Estupendo, ya queda menos. Estamos a un paso de poder asentarnos de una vez por todas.

Son las 19 y no ha llamado, por lo que intuimos que esta tarde no será. Tocará esperar a mañana. Les mandamos un mail e ipso-facto recibimos una llamada de un número español. Es el transportista que nos dice que han tenido problemas con el camión en la aduana (nada con nuestras cosas, sino que perdía agua o algo así) así que no les ha dado tiempo a dejarnos las cosas hoy. Que será mañana a la hora que le digamos. Le decimos que lo antes posible y quedamos a las 8.

Son las 8 en punto y están llamando a la puerta. Desde arriba vemos como 3 chicos están descargando todas las cosas una a una con mucho cuidado (ellos no saben que los estamos «vigilando» desde arriba). En apenas 10 minutos tenemos todas nuestras cajas esparcidas por toda la casa. Lo mejor de todo es que, tras abrirlas todas, solo hay una baja: un vaso. El resto está prácticamente intacto.

No podemos estar más contentos. Ya no solo por tener nuestras cosas aquí (2 meses exactos desde que aterrizamos), sino también por el magnífico servicio recibido. Tanto es así, que si alguna vez necesitáis una mudanza, os recomendamos que la hagáis con Mudanzas Vesta.

Despedida

Hasta aquí nuestro caótico y lento comienzo por tierras británicas. Comenzar de nuevo y más en otro país, siempre es complicado, pero jamás pensábamos que íbamos a tener tantos contratiempos. Con el tiempo y hablando con más gente, te das cuenta que es algo normal y habitual. Que unos tienen más suerte y otros menos.

Por fin hemos conseguido terminar con casi todos los trámites y podemos empezar a pensar en otras cosas. Esto ya parece un hogar y cada vez estamos más cómodos. A partir de ahora todo debería ser más fácil.

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Poco a Poco…

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