historia de una pandemia

Historia de una pandemia según Sheila – Parte 1

Cómo un sueño que crees que se está haciendo realidad se puede truncar de tal manera que llegues a pensar que es una pesadilla. Bienvenidos a mi reflexión de los hechos.

historia de una pandemia

Background

29 de Diciembre 2019. Llegamos a Málaga, la ciudad que siempre habíamos soñado como la definitiva, donde nos asentaríamos, tendríamos una familia y empezaríamos a ahorrar para la posible compra de una casa.

Tanto es así, que para Navidad decido regalar a Ilde un póster de las constelaciones del día que decidimos mudarnos a Málaga. Bajo las constelaciones, un pie que dice: «Málaga. Nuestra vida». Acompañado de la fecha y las coordenadas de la ciudad. No hay regalo más gafado que ese. ¿El resultado? El póster aún sin colgar y muerto de risa.

Nueva vida

No tardé mucho en acostumbrarme a mi nueva ciudad. Ilde trabajaba y yo en plena búsqueda de trabajo no tenía tiempo de aburrirme entre las tareas de casa, conocer la ciudad e ir al gym. Sí, me apunté al gym y me encantaba. Para lo que yo estaba acostumbrada, era un gimnasio enorme con muchas actividades y clases que hacer y con piscina para poder hacerme unos largos cuál profesional de la disciplina.

En fin, que aburrirme nunca me aburría. Solo me preocupaba el tema de no tener amigas en esta ciudad. Sí, menuda preocupación. Como dice Ilde «problemas del primer mundo». Y es que al fin y al cabo, cuando todo va viento en popa, crees que la vida te sonríe y que estás en el momento y lugar adecuado en tu vida no tienes otras cosas en las que pensar que en si tienes amigas o lo sola que te puedes sentir en un momento dado. ¡Qué inocente de mí! En tan solo unas semanas el tener o no amigas en Málaga sería una de mis menores preocupaciones.

Trabajo

No tenía trabajo aún pero sí que estaba en un par de procesos de selección. Allá por finales de enero, una academia contactó conmigo para una entrevista. Bueno, decir «una entrevista» se queda corto. El proceso de selección más largo y complejo (no por su dificultad) que he visto en mi vida para una academia de idiomas.

Se trata de una franquicia. Aunque esto no quiere decir nada, porque he trabajado en una anteriormente y nada que ver. Pero sí, una franquicia que se dedica solo a la enseñanza de niños, sobre todo pequeños. Esto ya no me convencía porque precisamente lo que me gusta de mi trabajo es la diversidad de alumnos y niveles que suelo tener. Pero no estaba como para ponerme exquisita.

Otro punto que tampoco me gustaba era que no había posibilidad de ampliar las horas de trabajo. Al tratarse de niños pequeños todas las clases se concentraban en el mismo rango horario y solo por las tardes por lo que trabajaría 2 o 3 horas al día como mucho. Yo estoy acostumbrada a tener todo mi horario lleno de clases y trabajo mucho y muy duro.

Igualmente, aunque pasé todas las pruebas no fui elegida porque buscaban a alguien que tuviera otras expectativas. Alguien que, por ejemplo, trabajara por las mañanas ya o que estudiara y pudiera compaginar su vida con esas pocas horas que la academia ofrecía. Tiene todo el sentido del mundo, mejor tener una profesora sin aspiraciones, que sabes que a pesar de tener pocas horas y poco sueldo no se va a ir a un sitio mejor.

Así que incluso me sentí aliviada. Te obligaban a seguir una metodología muy específica a base de repeticiones constantes, cada alumno asistiría a clase únicamente una vez a la semana y una serie de detalles más con los que no caso. Tenía que haber otro sitio en el que me sintiera más cómoda y en el que pudieran valorar mi trabajo y mi ambición como he experimentado anteriormente a lo largo de mi carrera profesional.

Igualmente, otra academia, una de las más conocidas en la ciudad decidió contar conmigo. Era Febrero pero en un par de semanas empezaría a trabajar ahí y por fin podría hacerme un hueco en el mundo laboral en nuestra nueva ciudad.

Ilde y su trabajo

Mientras tanto, Ilde intentaba habituarse a su nueva empresa. Cuando llegaba a casa yo veía que no le encantaba la empresa, la forma de trabajar que tenían y lo más importante, que su puesto no era tan necesario como le hicieron creer en un principio. Y esto último, evidentemente, no pintaba nada bien. Empecé a pensar que el cambio de empresa (que no de ciudad) no fue para mejor. Esto no se lo decía para no desanimarlo. Ya veríamos que pasaba, me repetía constantemente. Además, ¡estábamos en Málaga que es lo que queríamos!

Evidentemente, cada trabajo tiene lo suyo. Pero las cosas que me contaba no eran ni medio normal. Es cierto que mi sector es muy diferente, y nunca he trabajado en un ambiente ni parecido a este tipo de empresas, pero hay cosas que son de pura lógica.  Aún yo, sin experiencia alguna en ese ambiente soy capaz de ver que hay cosas por las que cualquier empresa que se precie no puede pasar.

El comienzo de todo

Ahora cuando miro atrás, veo tan obvio que la vida nos estaba moviendo a su antojo para ponernos exactamente en el punto en el que nos encontramos ahora. Y es que escribiendo esto me doy cuenta de que todo lo que iba sucediendo era la antesala de lo que realmente sería nuestra vida a partir de ahora.

El gran cambio no era mudarnos a Málaga, el gran cambio era lo que nos esperaba tras una mañana de Febrero en la que recibí su llamada.

Ese 10 de Febrero después de una sesión de gimnasio matutina me fui a pasear y a perderme por calles que no conocía de Málaga. Era ya cuando venía de vuelta a casa cuando recibí una llamada de Ilde. ¿Ilde? Me extrañó muchísimo porque nunca me llama cuando está en el trabajo. Lo cogí y me asusté cuando me dijo: «Sheila, tengo miedo».

Despedida

Y como decía Ilde en su entrada, esto no ha hecho más que empezar. Esperamos que nos acompañéis durante estas entregas en las que os contaremos todo lo que hemos vivido, cómo lo hemos pasado y sobre todo qué pasara a partir de ahora con nosotros. 

Por lo pronto os podemos decir que supone un gran cambio en nuestras vidas. Y es que la vida de un inversor sin «chicha» que compartir sería muy aburrida. Solo esperamos que a quien le interese nos acompañe en el camino. 

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Poco a Poco…

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