Historia de una pandemia según Ilde – Parte 2

Como andamos muy despegados de la bolsa últimamente, decidimos iniciar la semana pasada una serie de relatos en las que os vamos a contar cómo nos ha ido desde que nos mudamos a Málaga, cómo hemos pasado estos meses y sobre todo lo que nos ha pasado durante la pandemia y cómo nos ha cambiado la vida.

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Si te acabas de incorporar, échale un vistazo a la primera entrega para saber de dónde venimos.

historia de una pandemia

Sin más dilación, os dejamos con Historia de una pandemia 2 según Ilde.

En anteriores episodios de Historia de una pandemia:

  • Me dan un ascenso en mi primer día de trabajo.
  • La empresa para la que empiezo a trabajar es un absoluto caos.
  • Tensiones, peleas internas, envidias, chulería…
  • Echan a la jefa de la oficina de Málaga al mes de incorporarme.

…»De repente un escalofrío recorre todo mi cuerpo. Tengo un muy mal presentimiento. Llamo a Sheila: «Sheila, tengo miedo«.»

Reunión con los managers

Va avanzando el día y me escribe mi jefa por skype, ya fuera de la oficina y de la empresa: «¿Has visto? Ya han conseguido lo que tanto llevaban buscando. Tú no tienes que preocuparte, te harán BA y reportarás a [trabajador prepotente], que es lo que él quería. Eso sí, ten cuidado porque ambos han hablado mal de ti«. ¿Mal de mí? Pero si yo he intercambiado 2 palabras con ellos. ¡No me ha dado tiempo a pelearme con nadie! Le pregunto que por qué pero nunca responde.

Son las 15 y entra en la sala el jefe de recursos humanos de la empresa que ha venido desde Sevilla (de ahora en adelante, Pepe, nombre ficticio). Fue con él con quien estuve en contacto en todo momento durante mi proceso de selección. Éste es otro de los grandes protagonistas de las peleas internas, la oficina de Sevilla. No he parado de escuchar quejas constantes sobre ellos y de ellos para con los de Málaga desde el primer día. ¿Son la misma empresa? Desde luego cualquiera lo diría, porque parecen competencia directa…

Como decía, entra Pepe y nos dice a los managers (Head Ofs y Team Leads) que a las 17 hay una reunión importante y que tenemos que ir.

Bajo a la sala correspondiente a la hora indicada y hay media oficina allí. Vaya, la mitad de la empresa es «jefe». Raro. También ha venido uno de los dueños (extranjero, como su hermano y su otro socio). Es él quien nos pone en círculo, de pie, y nos da una charla en español. Nos cuenta que han echado a Pepa y los motivos por los cuales: Tensiones que hacían imposible trabajar. Hay mucho más detrás, pero nunca lo sabremos todo. O sí.

Nos da la charla típica motivacional americana pero de marca blanca. Ya sabes, un me gustaría pero no puedo. Luego toma la palabra y habla Pepe. Nos dice que Pepa ha hecho un trabajo excepcional pero la situación ha llegado a un punto insostenible. Blá, blá, blá… Y termina dirigiéndose, delante de todos, a los 2 trabajadores famosos: «¿Queréis añadir algo?«. ¿Cómo? Esto sí que no me lo esperaba. Ya no tengo ninguna duda de por qué han echado a esta mujer. Éstos recogen el guante y hablan. Claro que hablan.

Me sorprende mucho que dos «simples» trabajadores tengan tanto poder sobre una oficina. Pero más me sorprende la decisión tomada a continuación. Y es que designan como jefe de la oficina de Málaga al jefe de la oficina de Sevilla. Vaya, esto no me lo esperaba. Imaginaba que alguno de estos dos sería el elegido. Qué raro…

Termina la reunión y me quedo un buen rato charlando con el que será nuestro nuevo jefe y un par de compañeros más: el Head Of Technology (que ya había trabajado con Pepa en otra empresa antes) y un PO. Intercambiamos impresiones, formas de trabajar y medidas que vamos a tener que implementar. Siempre en un ambiente informal. Parece que la mentalidad del nuevo jefe encaja muy bien con la mía y mi forma de trabajar.

Mis temores se hacen realidad

Termina mi jornada laboral y llego a casa un poco mejor de ánimo que esta mañana cuando nos dieron la noticia del despido de mi jefa. Parece que la conversación informal que hemos tenido ha ayudado a la moral.

Es Lunes, y eso significa día de tenis. Cojo las cosas, bajo a por la bici, le quito el candado y noto algo raro. Las ruedas se salen de sus ejes. Miro y me han robado los tornillos pasantes de ambas ruedas. No se han llevado las ruedas ni el sillín (que tenía el mismo tornillo que las ruedas)…¿Quién c*jones va a robar partes de una bici y se lleva solo los tornillos pasantes pudiendo llevarse las ruedas o el sillín también? Menuda panda de HdP. Encima de una urbanización cerrada. En fin, hoy me quedo sin tenis. Menudo día más bueno se está quedando

Paso una noche regulera, pero bueno, dicen que más del 90 % de las cosas que nos preocupan no se harán nunca realidad, así que seguro que todo irá bien. Llego a la oficina el Martes 11 de Febrero con muy mal cuerpo y un mal presentimiento. Decido atajar el problema y le escribo al jefe de recursos humanos: «Pepe, con todo esto que ha pasado estoy algo preocupado y me gustaría hablar contigo. ¿Vendrás por la oficina de Málaga esta semana?». Su respuesta es: «Vale, no hay problema. Sí, iré el Jueves. No te preocupes«. Le digo de ponerle una reunión y me dice que no hace falta. Estupendo, quedamos en vernos el Jueves.

Con las mismas le escribo a la chica de recursos humanos de la oficina de Málaga para preguntarle por mi portátil. Un mes después sigo sin una herramienta de trabajo fundamental para mí. Me dice que tiene que mirarlo pero que si puedo bajar un momento. Otra vez ese escalofrío. El corazón se me acelera y me temo lo peor.

Confirmación de una muerte anunciada

Bajo las dos plantas que separan la oficina de recursos humanos de la mía y entro en la sala. Ella se levanta y cierra la puerta. Sin darme tiempo a decir nada ni sentarme empieza a hablar: «Como ya sabrás las cosas han cambiado y la empresa ha decidido no seguir en la misma dirección que se estaba siguiendo con Pepa, así que, como estás en periodo de prueba ha decidido prescindir de tus servicios«. Así, sin anestesia.

Lo sabía. La noticia me cae como un jarro de agua fría, aunque tampoco me sorprende demasiado, la verdad. Aún así, no es plato de buen gusto para nadie que le despidan. Y mucho menos sin haber hecho nada para ello. Le pregunto si no hay alternativa. Me ofrezco a ser reubicado, que he visto que tienen una buena carga de trabajo y que puedo ayudar a la empresa de muchas maneras. Que tengo mucha experiencia y que si es cuestión de salario, se habla. No me importa un cambio de rol tampoco.

Su negativa es rotunda. «No hay nada que hacer«. Tampoco lo peleo mucho porque la empresa no lo merece. Mi único motivo para hacerlo es el problema que ésta situación nos deja y que en ese momento todavía no tenemos ni la más mínima idea de la magnitud que va a tener.

Por mi cabeza pasan muchos pensamientos de una manera muy rápida: hemos dejado una vida muy cómoda de 5 años con 2 buenos sueldos, estamos recién llegados a la ciudad, tenemos unos planes de futuro establecidos…Y todo se acaba de desvanecer (o al menos parar en seco) en un instante. Vuelvo a la Tierra (¿cuánto tiempo habré estado ausente? ¿Lo habrá notado? En realidad me da lo mismo…) y salgo por la puerta pensando en una sola cosa: Sheila.

Paso por la cocina para coger una bolsa de plástico, me voy a mi taquilla y la vacío (tampoco hay demasiados cosas, no me ha dado tiempo a llenarla). Cuando termino entro en la sala que hay justo frente a las taquillas y llamo a un amigo que también trabaja allí. Le digo que salga y me despido de él. Subo a mi escritorio, termino de recoger mis cosas y salgo por la puerta sin decir ni pío. Nadie me dice nada. Claro, ellos qué van a saber.

De camino a casa llamo a Sheila que está en el gimnasio. Me devuelve la llamada justo cuando estoy entrando por la puerta del portal y le digo que estoy en casa. «Me han despedido».

Despedida

Hasta aquí esta segunda entrega de esta saga. No te pierdas el próximo capítulo de Historia de una pandemia, aquí, en tu canal favorito. Nah, bromas aparte, la cosa se pone muy seria y la pesadilla no ha hecho nada más que comenzar. Nos vienen por delante unos meses muy duros (no solo para nosotros) que somos incapaces de imaginar todavía.

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Poco a Poco…

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